La novela negra y el componente social

La novela negra y el componente social

LA NOVELA NEGRA Y EL COMPONENTE SOCIAL

Por Jaime Molina. Escritor

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La literatura siempre ha estado inmersa dentro de un marco histórico, a tal punto, que podemos conocer las costumbres de la sociedad de la época al leer las novelas que se publicaban en aquel tiempo.

Por esta razón, no es de extrañar que la novela negra refleje dentro de su trama criminal, una gran parte de la crisis social de cada uno de los países en los que se desarrolla, de tal forma que los contenidos han variado y ya no solamente se descifra quien es el o los asesinos, sino que en torno a este argumento se van integrando una serie de situaciones que denuncian la violencia circunstancial de un sector particular.

Antecedentes de la novela negra como denuncia política.

Analizando los antecedentes de la novela negra como denuncia social y política, debemos dirigirnos a Suecia en los años 60. En ella, Maj Sjówall y Per Wahlöö dieron un vuelco total a la narrativa.

En aquella época, el partido socialdemócrata lideraba una política de bienestar, promoviendo una imagen de país perfecto, en el que apenas había uno que otro inmigrante. Pero entonces estos autores, que además eran pareja, decidieron plantear una novela a través de la que demostraban como el famoso “modelo sueco” era una total farsa.  Según palabras del mismo Wahlöö, esta novela se constituía en un bisturí diseñado para abrir el vientre de la ideología empobrecida para exponer la cuestionable moral burguesa de la sociedad en la que vivía.

Luego en los países nórdicos comenzó a reflejarse la misma situación, y con posterioridad, han sido muchos los autores que han utilizado la misma estrategia alrededor del mundo.

En Grecia, Petros Mákaris escribió Con el agua al cuello y en esta novela negra dibuja la situación económica lamentable en la que Grecia se encuentra, una crítica brutal a un sistema económico despiadado que comienza, en este caso, con un banquero decapitado.

Lorenzo Silva, Juan Madrid, González Ledesma, Vázquez Montalbán, y Andreu Martin denunciaron a través del género de la novela negra la corrupción en España y las escritoras Rosa Ribas y Sabine Hofmann en su novela El gran frio hacen una disección de la España profunda de la posguerra durante los años cincuenta.

El mayor caldo de cultivo para la novela negra con componente social es América Latina.  La desigualdad social fruto de la corrupción transversal en los gobiernos ha hecho que autores como el brasileño Rubem Fonseca, el cubano Leonardo Padura, los argentinos Osvaldo Soriano y Mempo Giardinelli, y los mexicanos Elmer Mendoza y Paco Taibo dediquen parte de sus obras a registrar las pésimas condiciones económicas y sociales de la región.

El componente social de la Novela negra

La novela social se ha venido entremezclando en el género de la Novela negra, creciendo desde los años 70 hasta hoy, con mucha carga social, en los años 90 las obras de Mario Zaldívar y Oscar Núñez fueron quizá de las más destacadas, cuando se destapó el grave problema del narcotráfico en toda América.

La inseguridad ciudadana aumenta en la medida en la que la injusticia social crece. Las dictaduras reales o simuladas, aumentan en gran proporción así como la sensación de inseguridad en todos los habitantes, sin importar su estrato socio económico. Parece evidente que la injusticia social favorece los delitos y es allí donde la novela negra se manifiesta para contar todas estas historias en una narrativa que mezcla la realidad y la ficción.

En los tiempos de crisis la pérdida de confianza individual en las estructuras del poder y las instituciones públicas es notable. La clase política se convierte en una gigantesca y poderosa maquinaria. Los jueces, los empresarios, los banqueros, y por supuesto, los policías o entes gubernamentales no son dignos de la confianza del ciudadano de a píe y es allí en donde encaja perfectamente la novela negra.

Este género oscuro de la literatura encuentra una maravillosa cantera para forjar monumentos a la corrupción, la marginalidad y la delincuencia, con un yacimiento casi inagotable de sucesos y personajes en los que, con una historia concreta se pueden ambientar la realidad y el temor nebuloso que flota en el ambiente de una sociedad que no sabe hacia dónde va.

La denuncia del abismo entre las clases sociales y la violencia que esto genera, hace que la novela negra arroje luz sobre los callejones que no iluminan otros géneros literarios, con un acento de insolencia que es realmente del gusto del público.

Obviamente, los escritores del género de la novela negra saben que no pueden intervenir sobre las estructuras del poder para modificarlas, pero sí pueden hacer una escueta denuncia, como una autopsia del cadáver social que están dejando, y corresponde a los lectores el reflexionar acerca de la situación y encontrar una solución en el mejoramiento de las causas sociales y la oposición a la corrupción, de la que se degeneran todos los males.

Paco Gómez Escribano, José Luis Correa con la saga del detective Ricardo Blanco, Javier Abasolo y su mítico Marlowe, y Claudio Cerdán con sus novelas En el país de los ciegos y Cien años de perdón son ejemplos de cómo la novela negra y el componente social pueden ir perfectamente de la mano, en un mundo en el que la ficción y la realidad van perdiendo los límites.

© Jaime Molina. 2022. Todos los derechos reservados

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